Letras océanas: De saudades y sirenas.

Contra lo que puede suponerse, las sirenas dejan dejan oír su voz en otoño con más frecuencia que en la primavera, aunque aseguraba la enamorada del conde Olinos que las escuchaba. La sirena está atenta la hombre que vuelve al hogar, en otoño, cargado de nostalgias, de saudade o morriña como diríamos los gallegos, asegura Alvaro Cunqueiro. Y nos aclara: palabra nada fácil la saudade, en la que parecen haber confluido solitudo, salus y suavitas. No se sabe.

La sirena espera al hombre y le dice canciones que aviven más sus saudades, el apetito del retorno, el deseo de sentarse al amor del fuego en su propia casa, y la sirena ofrece, al parecer, atajos camineros para que el viajero esté cuanto antes en ella. Y lo pierde así, y se lo lleva a sus estancias submarinas, donde se dice que solamente uno de cada mil se salva, y no siempre, estando allà abajo entre torneos y placeres.

Cuenta Cunqueiro lo que escribe al respecto su amigo Joan Perucho; quién narra que una vez, en un libro lleno de ciencia, se discutía si las sirenas eran fruto de la primavera o del otoño, si aves o, con media cola asalmonada, mujeres de hermoso y levantado pecho. Para siempre no hay mitología ni leyenda que lo aclare. No solo habitan en el mar, habitan en tu mente que ha escuchado tantas versiones, que a través del cine y el cómic te ha hecho visualizarlas hasta casi convencerte de que están ahí.

Otro problema que Cunqueiro considera importante es el de la edad de las sirenas. Mientras Vicente de Beauvais les concedía la edad humana y no más los alejandrinos les permitían dos o tres centenas de años y sin que perdiesen nada de su hermosura. Probablemente hay que solucionar antes la gran cuestión de la división de la sirena en dos familias. Las sirenas de La Odisea eran mitad mujer y mitad pájaro, mientras que las sirenas de las leyendas nórdicas eran mitad mujer y mitad pez. Al principio fueron como la imagen de los peligros de la navegación marítima y, más tarde, la imagen misma de la muerte, de la seducción mortal. En la mitología griega, las Erinias son personificaciones femeninas de la venganza que perseguían a los culpables de ciertos crímenes. También se las llamaba Euménides, antífrasis utilizada para evitar su ira cuando se pronunciaba su verdadero nombre. En la mitología griega, las Erinias son personificaciones femeninas de la venganza que perseguían a los culpables de ciertos crímenes. También se las llamaba Euménides, antífrasis utilizada para evitar su ira cuando se pronunciaba su verdadero nombre.

La sirena es verdaderamente peligrosa, tanto como hayan podido serlo para los griegos las arpías y las erinnias. Marguerite Chevalier afirma que, si se compara la vida a un viaje, las sirenas son la representación de las emboscadas y los escollos, nacidos de los deseos y las pasiones, “creaciones inconscientes, sueños fascinantes y terroríficos, la autodestrucción del deseo, al cual una imaginación pervertida no presenta más que un sueño insensato en lugar de un objeto real y una acción realizable”. Pero otras leyendas hay, en las cuales las sirenas se han transformado en seres benéficos, inmortales, que en las aguas de las islas Afortunadas dan conciertos a los bienaventurados.

Compilaciones basadas en el libro de Álvaro Cunqueiro

“Fábulas y leyendas de la mar”

Publicado por Bekaados

En otra vida paciente pastor del valle libanés. Todo cuanto sé lo aprendí en los bares.

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