Letras ocèanas: A vueltas con las islas, la Atlántida y los paraisos (2)

Resultat d'imatges de epic travel of saint brandan imagesLo que en la noche original se llamó Atlántida o Jardín de las Hespérides, fue luego -para griegos y romanos- ultimo refugio de Saturno y más tarde, cuando el cristianismo desplazó a las antiguas religiones, sede del Paraíso Terrenal. Fue en esos entonces lejanos cuando todos se esforzaron por darle una ubicación de coordenadas y siempre, por lo que sea, ya casualidad o displicente reiteración, lo situaron en el horizonte atlántico. El ciclo de San Brandán y las siete ciudades es la última de las leyendas sobre un posible arquetipo atlante. Sus versiones provienen de diferentes de lugares atlánticos, dolménicos y emparentados con la cultura sumergida: Bretaña, Irlanda o litoral cantábrico.

En el panteón de Godofredo de Viterbo se halla esculpida una de las versiones: Unos monjes partieron de la costa bretona con rumbo al paraíso (lugar entendido y ubicado en el confín del océano). Llegaron a una ciudad con murallas de cristal donde el aire era fragante. Ciervos de plata y caballos de oro bajaron a darles cumplidos de bienvenida, les condujeron a un árbol en cuyas ramas había más pájaros que hojas. Un día entero les fue permitido pasar en el paraíso. De vuelta a Bretaña los monjes buscaron en vano la iglesia en que antes sirvieron. Había un nuevo obispo, un nuevo pueblo, una nueva grey. Las cosas viejas habían muerto y habían nacido otras nuevas. No conocían ni a los hombres, ni a los lugares, ni el lenguaje. Derramando lágrimas se contaban sus cuitas unos a otros, pues ya no tenían patria ni gente conocida.

Letras ocèanas: A vueltas con las islas, la Atlántida y los paraisos (1)

Siempre, es imposible, no hablar de la Atlántida sin discutir su ubicación. Hay quién la sitúa al noroeste de Inglaterra tal y como los sacerdotes egipcios de Sais le dijeron a Solón, desapareció bajo las aguas en un espantoso y breve día y una larga y terrible noche. Quizá salió fuego del mar, y la isla se tambaleó en sus cimientos antes de ser cubierta por las más grandes olas que jamás haya conocido el océano. Però la Atlántida se mantiene sumergida entre las historias que nos han contado, entre los textos que hemos leído, siempre hay un momento en que la sombra submarina de esa gran ciudad-estado aparece.

También suele hacerlo en forma de isla, ¿Cuantas islas míticas demanda la literatura? alguién dirá: “casi tantas como cada autor”. Siempre se ubicó entre América y Canarias, en una especie de epicentro atlántico. Otros la situan al norte de Inglaterra y la describen azotad apor terribles oleajes que casi nunca permiten ni salir ni entrar en ella. Hablan de una civilización estrictamente organizada y donde la gente estaba perfectamente diferenciada por capacidades y con una zona, un espacio, especial para inadaptados o salvajes. Ahí habitaban quienes decían ser considerados con “error” en su mente, fracasados de su sistema educativo o inadapatados.

Álvaro Cunqueiro afirma preferir las islas pérdidas al oeste, las de los celtas, las de las leyendas marinas irlandesas hacia donde navegó San Brandán y halló el lugar imposible y reservado a pocos…el Paraíso. Volviendo a Galicia es sabido que las Cíes son un archipiélago perdido de la Atlántida. Tal vez por ello son mágicas y tienen naturaleza de espejismo: nunca están dos días en el mismo sitio. Da igual donde se sitúe el observador: si las miras, a veces parecen tan cerca que podrías alcanzarlas con los dedos. Otras, se muestran lejanísimas, como si perteneciesen a otro continente. Este fenómeno único, a veces se produce de la mañana a la noche o en una misma tarde. Las Cíes se mueven. Nadie sabe cómo ni por qué. Decía Álvaro Cunqueiro que, en los días brumosos, las islas que cierran la ría «parecen de leyenda de una saga nórdica». El de Mondoñedo las veía un territorio de Odín, desde donde el dios escandinavo controlaba los nueve mundos. Y algo divino debe haber en esta parroquia insular.

 

Joan Margarit: Ja era hora!!

El premi Cervantes ha recaigut moltes vegades en els ídols literaris de les nostres lleixes, els d’aquí, de la redacció. Per ídols classifiquem aquells autors dels quals tenim més de dos llibres i mereixen la nostra estima. A Joan Margarit llegúe, en la meva prospecció per l’expressió del dolor, a traves de Joana. És el llibre en què poemitza el procés de deterioració i mort de la seva filla i el record de com aquells moments viscuts van ser, amb tota la seva tragèdia, viscuts en l’afecte profund i en les curiositats que sempre van compartir. A vegades Joana em recorda una carta escrita a algú que ha mort però en el convenciment que la podrà llegir, és interpretació meva i com tot el propi del gènere poètic mai la idea del lector té res a veure amb la de l’autor. A cadascun li crida el que li crida.

Dos anys després en una de les meves classes els vaig narrar als alumnes una aproximació a Joana. Alguns dies després Berta Flores, una alumna curiosa i amant de la lectura, em va comentar que podria entrevistar a Joan Margarit perquè havia compartit treball professional amb la seva mare. En classe preparem l’entrevista: què li volíem preguntar a un poeta, com escrivia, què pensava del seu ofici. Va ser tota una lliçó d’humanitat fantàstica i divertida per a Berta. Després en classe utilitzem aquests àudios per a saber, per a escoltar, tenia molt de valor, era la primera vegada que un escriptor, un poeta, parlava per a nosaltres. Motivants paraules. Li vam preguntar per un poema en concret: Tancant l’apartament de la platja i ens va explicar que l’havia escrit pensant en la seva filla. Ens vam sorprendre de nou en veure que darrera d’una aparent descripció lírica hi havia un sentiment molt més fort.
L’obra és rica, aparentment senzilla, però seria sempre l’autor que podem recomenar a tots els que diuen que la poesia els costa. Acabo de veure un periodista del país dient que escrivia en les dues llengues el qual a Catalunya és molt significatiu. Res més lluny de la realitat, acabo d’escoltar a la ràdio un enèrgic i saludable Joan Margarit dient: ” No trobareu ni un, ni un sol poeta que no hagi escrit poesia en la seva llengua mare”. Gràcies Joan, una abraçada plena de lletres i ofici.

 

Letras oceánas: Flotas Infernales.

Para algunos autores del s XVIII no cabe duda alguna: existen las flotas de Satanás. Harry Cobdan y Cabell en su libro “Los hijos de Satán” tiene un apartado dedicado a la potencia marítima de Satanás y de su flota mercante. Se dice que su gran esplendor se realzó en plena trata de esclavos del siglo XVIII. Cuentan que era el jefe de su flota un demonio que se hizo pasar por holandés y llegó a tener relaciones con los grandes jefes de la revolución americana, especialmente con Thomas Jefferson al que se dice que en más de una ocasión sacó de apuros económicos.

Jefferson lo conocía como marino holandés, que no como demonio e ignoraba que aquel pequeño, rubicundo y gordo capitán Luftson era un príncipe muy importante en el Infierno, domador de ballenas y especialista en artillería. Parecía que había leído el tratado de pirotecnia del Biriguncho, llamado Baliel Se le da también los nombres de «señor de la arrogancia» o «señor de orgullo» y «el hijo del infierno» (Baal ial). Desde la Edad Media ha sido considerado como príncipe de los infiernos. En el judaísmo los hombres impíos son considerados los «hijos de Belial». La flota que comandaba el almirante Baliel estaba compuesta por una nave capitana “construida como el Arca de Noé”, pero de menor tamaño y por setenta bestias marinas capaces de transportar en su lomo setenta demonios desde Lisboa o desde las costas del Africa negra a las costas de América del Norte o del Brasil en una sola noche.

Según Cabell las flotas demoníacas solo navegan en la noche. Cabell insiste en numerosas historias contadas por esclavos negros, ya en Brasil o. En los estados sudistas, norteamericanos, en la que estos contaban que ellos mismos o sus padres “habían hecho el viaje solamente en una noche” atacados sobre una piel azul, resbaladiza, húmeda”. Estos esclavos habían hecho el viaje en las bestias marinas de Baliel y no en las calas de los negreros. Según Cobdan y Cabell aparece desposeído de su mando naval hacia 1820 y, desde entonces, no ha sido señalada en los mares la aparición de ninguna flota infernal.

Extractos comentados del libro de Álvaro Cunqueiro

Fábulas y leyendas de la mar

10 años de nuestro proyecto “Costa da Morte Mareas de Vida”.

Celebramos en la redacción los diez años de la presentación de nuestro proyecto cultural CostadaMorteMareasdeVida al entorno de la Costa da Morte en el aspecto fotográfico, videográfico y literario. Celebramos tres exposiciones auspiciadas por el ayuntamiento de Camariñas y el ayuntamiento de Muxía. Las muestras fueron de gran valor para nuestro trabajo recibiendo el calor y la crítica positiva de mucha gente. Especialment brillante fue la exposición en el faro Vilano. El proyecto desarrollaba una vertiente literaria y pedagógica preparada para el conocimiento de la costa para adultos y alumnos de ESO. Esa fue la parte que no cuajó ante las incongruencias y contradicciones de la Diputación de La Coruña que ora aplaudía el proyecto ora comentaba “Mira que seáis catalanes los que habéis inventado eso”. Lo positivo es lo que quedó de aquel verano intenso del 2009.

Gracias a Pere Mercader, sin él no se hubieran realizado las fotografias con la calidad adecuada en laboratorios Poch de Calella, a Emilio Roca y Auri amigos y guías siempre entre las nieblas de la costa, al alcalde de Muxía y su seriedad en los trámites y el apoyo. Gracias a Cristina y a Alonso al cual no tuvimos tiempo de volver a abrazar el verano siguiente, pero que siempre será nuestro guardián eterno de la costa desde el faro Vilano. A Tere y Diego por su apoyo, a Nico y Maribel por llenarnos de risas y buenos momentos y ayudar a montar. A Marta por su dedicación y alegria.A Tak y Mariona por su apoyo como editores. A Fede, Montse y Pablo nuestra querida delegación en la capital del reino de nuestra amistad.  Fue una experiencia magnífica que recordamos sin nostalgia y oteando nuevos proyectos entre las bretemas de las dificultades.

 

Letras océanas: El Leviatán en Galicia.

Escribe Cunqueiro que nunca el gallego antiguo albergó sospecha alguna sobre la mar. Ni tan solo conocía de la existencia de Leviatán y describe un cromo sentimental en el cual el gallego vive en paz con el océano en lo que Pedrayo llama la “sinfonía atlántica”. Saca su cosecha alimenticia y de riquezas, vive a sus orillas y le procura su dosis de ahogados. Es un intercambio, la mar atesora riquezas y comparte algunas, pero siempre acabará exigiendo su tributo. El mar era para el gallego antiguo la brisa vivificante, la despensa eterna, la libertad y la aventura, señala nuestro admirado autor. Pero nos propone adentrarnos en la sentencia de Yeats: “La asesina inocencia del mar”. El mar encerraba la peor bestia: El Leviatán que Dios creó en el quinto día o como aseguran otros antes de la creación. Pero el orden es ascendente, aparecen los monstruos. Plinio el Viejo, en el siglo I d. C., nos cita un relato recogido por otro naturalista romano del siglo anterior, Trebio Níger, en el Libro III de su Historia Natural, donde nos cuenta sobre la existencia de un cefalópodo de gran tamaño que asolaba las factorías de salazones de Carteia:

«No han de olvidarse las observaciones hechas por L. Lucullus, procónsul de la Bætica, acerca de los pulpos, y publicados por Trebius Niger, que era de su séquito… Los demás casos que este autor narra han de ser interpretados mejor como prodigios. Cuenta que en los viveros de Carteia había un pulpo que acostumbraba a salir de la mar y acercarse a los viveros abiertos, arrasando la salazones…, lo que excitaba la indignación inmoderada de los guardianes por sus hurtos continuos. Unas cercas protegían el lugar, pero las superaba trepando por un árbol; no se le pudo descubrir sino por la sagacidad de los perros, que lo vieron una noche cuando regresaba al mar. Despertados los guardianes, quedaron asombrados ante el espectáculo, en primer lugar por la magnitud del pulpo, que era enorme; luego porque estaba por entero untado de salmuera, despidiendo un insoportable hedor… Hizo huir a los perros con su aliento terrible, azotándolos unas veces con los extremos de los tentáculos o golpeándolos con los fortísimos brazos, utilizados a modo de clavas. Con trabajo se lo pudo matar a fuerza de tridentes. Se mostró a Lucullus su cabeza, que tenía el tamaño de una tinaja capaz de contener quince ánforas; repitiendo las expresiones del mismo Trebius diré que sus barbas difícilmente podían abarcarse con ambos brazos y que eran nudosas como clavas, teniendo una longitud de treinta pies. Sus ventosas eran como orzas, semejantes a un lebrillo; los dientes eran de la misma proporción. El resto del cuerpo, que fue guardado por curiosidad, pesaba setecientas libras. El mismo autor asegura que en estas playas el mar arroja también sepias y calamares de la misma magnitud.»

Pulpos gigantes o el mítico Kraken del cual se han ido encontrando evidencias de una especie de cefalópodos residentesene profundidades abísales de los cuales se han detectado y capturado en longitudes superiores a los 12 y 15 metros. En 1887 en Nueva Zelanda se capturó un calamar hembra de 18 metros de longitud. Esos datos no serían del interés de Cunqueiro. Va más allá, le interesa cómo el gallego que, con precaución en el decurso de los siglos, ha visto con buenos ojos el mar en pleno siglo XX ve y vive cuando vino el Monte Urquiola (en 1976), “se rasca contra un bajo a la entrada de La Coruña y todo lo que el gallego dejó de soñar de las babas de Leviatán ahora está ahí, ensuciando el mar de los ártabros, destruyendo la población marina y batiendo contra las rocas y llenando de pichilos arenales”. Y ya en ese año,1976, Cunqueiro señala un Leviatán asolador y profetiza, sin querer, el nuevo leviatán que encarnó el Prestige.

 

 

Letras océanas: De saudades y sirenas.

Contra lo que puede suponerse, las sirenas dejan dejan oír su voz en otoño con más frecuencia que en la primavera, aunque aseguraba la enamorada del conde Olinos que las escuchaba. La sirena está atenta la hombre que vuelve al hogar, en otoño, cargado de nostalgias, de saudade o morriña como diríamos los gallegos, asegura Alvaro Cunqueiro. Y nos aclara: palabra nada fácil la saudade, en la que parecen haber confluido solitudo, salus y suavitas. No se sabe.

La sirena espera al hombre y le dice canciones que aviven más sus saudades, el apetito del retorno, el deseo de sentarse al amor del fuego en su propia casa, y la sirena ofrece, al parecer, atajos camineros para que el viajero esté cuanto antes en ella. Y lo pierde así, y se lo lleva a sus estancias submarinas, donde se dice que solamente uno de cada mil se salva, y no siempre, estando allà abajo entre torneos y placeres.

Cuenta Cunqueiro lo que escribe al respecto su amigo Joan Perucho; quién narra que una vez, en un libro lleno de ciencia, se discutía si las sirenas eran fruto de la primavera o del otoño, si aves o, con media cola asalmonada, mujeres de hermoso y levantado pecho. Para siempre no hay mitología ni leyenda que lo aclare. No solo habitan en el mar, habitan en tu mente que ha escuchado tantas versiones, que a través del cine y el cómic te ha hecho visualizarlas hasta casi convencerte de que están ahí.

Otro problema que Cunqueiro considera importante es el de la edad de las sirenas. Mientras Vicente de Beauvais les concedía la edad humana y no más los alejandrinos les permitían dos o tres centenas de años y sin que perdiesen nada de su hermosura. Probablemente hay que solucionar antes la gran cuestión de la división de la sirena en dos familias. Las sirenas de La Odisea eran mitad mujer y mitad pájaro, mientras que las sirenas de las leyendas nórdicas eran mitad mujer y mitad pez. Al principio fueron como la imagen de los peligros de la navegación marítima y, más tarde, la imagen misma de la muerte, de la seducción mortal. En la mitología griega, las Erinias son personificaciones femeninas de la venganza que perseguían a los culpables de ciertos crímenes. También se las llamaba Euménides, antífrasis utilizada para evitar su ira cuando se pronunciaba su verdadero nombre. En la mitología griega, las Erinias son personificaciones femeninas de la venganza que perseguían a los culpables de ciertos crímenes. También se las llamaba Euménides, antífrasis utilizada para evitar su ira cuando se pronunciaba su verdadero nombre.

La sirena es verdaderamente peligrosa, tanto como hayan podido serlo para los griegos las arpías y las erinnias. Marguerite Chevalier afirma que, si se compara la vida a un viaje, las sirenas son la representación de las emboscadas y los escollos, nacidos de los deseos y las pasiones, “creaciones inconscientes, sueños fascinantes y terroríficos, la autodestrucción del deseo, al cual una imaginación pervertida no presenta más que un sueño insensato en lugar de un objeto real y una acción realizable”. Pero otras leyendas hay, en las cuales las sirenas se han transformado en seres benéficos, inmortales, que en las aguas de las islas Afortunadas dan conciertos a los bienaventurados.

Compilaciones basadas en el libro de Álvaro Cunqueiro

“Fábulas y leyendas de la mar”

Letras océanas: Acércate a tu cojín y oirás la ballena.

Moby Dick como epopeya gigantesca no ha dejado jamás de latir en la retina y el corazón de aquellos a los cuales su lectura les embriagó. Por ello es frecuente oír que el lector agradecido con esa obra suele volver dos o tres veces más, de media, según datos de los EEUU tomados de sus bibliotecas públicas y universitarias. La pasión que genera Moby Dick es tal que suelen aparecer anualmente textos y tweets que se dedican a reclutar adhesiones a la causa de considerarlo un libro repudiable.

Las cubiertas del Pequod crujen con el oleaje, los ruidos se multiplican. Pero hay uno inconfundible que es la infalible ronda nocturna del capitán Ahab. Abajo, casi en las sentinas, casi donde los polizones Ismael trata de conciliar el sueño. Alguién le dijo al protagonista, una vez introducido en el secreto de la gran ballena blanca, que muchas noches podía oír un sonido distinto, especial, que hacía vibrar levemente las cuadernas del ballenero y ese sonido era un mensaje de Moby Dick para Ahab y la tripulación. Un juego de apariciones y desapariciones cuando en realidad el encuentro terrible fue a la altura de la Polinesia.

La obra esta imbricada en una fuerte tradición religiosa norteamericana y del autor. Hay numerosos fragmentos quasi bíblicos. El barco de Ahab es en sí mismo una especie de Arca de Noé humana, donde habitan diferentísimos ejemplares de la especie hegemónica en la tierra. Hay quienes hablan de una velada homosexualidad del autor en el encuentro con el indígena Quequeg, ya saben que gusta al personal estirar por todas partes. Yo les hablo desde mi experiencia de modesto lector.

Escribe y cito a Juan Bonilla en El Mundo en un lucidísimo análisis:

La novela consentía fácilmente esa interpretación, y muchas otras, desde las tecnófilas-el afán del hombre por dominar los misterios de la naturaleza quiere que Ahab sea un adelantado-hasta las ecologistas-el monstruo no es la ballena, el monstruo es Ahab, porque como todas las obras maestras se podía ajustar a cada época con exquisita eficacia. Pero su entidad alegórica no le resta un ápice a su poesía y a su fuerza narrativa. Melville podía estar escondiendo mensajes vaticinadores o políticos en sus narraciones, sin duda, podía estar atreviéndose a hacer profecías, avisándonos del triunfo del populismo-siempre que un doblón de oro acompañara al discurso sentimental del líder-pero lo que lo hace inmenso es su capacidad para dotar de vida todo lo que narra.

He leído bien la obra cuatro veces, en distintas épocas de mi vida. Hace ya veinte años una tarde de agosto, en la playa de Reira, junto a mi faro y cabo Vilano; acabé de leer por tercera vez la obra. Al cerrar me dije: “Un tratado de ballenología humana”. Y no se me ocurre nada más. De balleneros, de Nantuckett, de capitanes, contramaestres, tripulaciones y de como se trataban las ballenas cazadas, el petróleo, de la época del primer y segundo cuarto del siglo XIX. Son tres géneros dentro de una misma obra. Piense en acercar el oído al cojín, según donde habite escuchará el canto de la ballena.